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El 17-A de Las Ramblas, fuera de contexto. (Trilogía del atentado nº 3).

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


“Necesito abrazar a un musulmán”

(El padre de Xavi, el niño de 3 años asesinado)

A raíz del bárbaro atentado terrorista de Las Ramblas del pasado 17 de agosto están teniendo lugar simultáneamente dos “procés”, distintos pero no muy distantes. Uno, que viene de atrás, sería el procés genuino, y cabría en la primera acepción que da el diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE) para su equivalente en castellano “proceso”. Sería similar a la expresión “ir adelante” con que una mayoría significativa de fuerzas políticas, sociales y cívicas buscan expresar el próximo primero de octubre su derecho a decidir. La otra acepción, es la que la RAE trae en cuarto lugar y define como “conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial”. Y en este caso estaríamos hablando de las posiciones adoptadas por el bloque político-institucional-mediático, tanto a nivel del Estado como de la Generalitat.

Porque, a pesar de la simbología de unidad que ha proyectado la impresionante manifestación del sábado 26, en realidad lo que ha habido es “unicidad”, un emparejamiento ficticio. No un todo compacto indivisible sin que su esencia se destruya o alteres, sino un agregado circunstancial que solo se justifica durante el tiempo que dura el acto que los convoca. Y tanto es así que durante el antes (y seguramente el después) de esa concurrencia multitudinaria de pueblo y autoridades, cada una de las partes demostró palpablemente que sus percepciones no convergían ni en el fondo ni en la forma. Otra cosa es que la pompa que los medios de comunicación y sus terminales ideológicas expelían sirviera para ofrecer una impresión más adecentada. Por aquello de “la unidad de todos los demócratas ante el terrorismo”.

Pero esa abusiva campaña de condolencias urbi et orbi no borra lo dicho y mucho menos lo hecho para “sacar partido”. Por parte del gobierno de la nación hubo mucho más que la tentación de culpar (insinuar más bien) al radicalismo independentista de crear el clima propicio que desembocó en la masacre. En ese orden se inscriben las arremetidas a las “juventudes de la CUP” por hostigar al turismo. También la más taimada acusación contra el ayuntamiento presidido por Ada Colau por no haber atendido las indicaciones de Madrid para colocar bolardos en las vías más concurridas. O, ya en una secuencia de baja estofa, las invectivas dirigidas a los abogados Jaume Asens (primer teniente alcalde de la corporación) y Benet Salellas (diputado de la CUP) por su muy meritoria trabajo en defensa de simpapeles, inmigrantes, refugiados, precarios, manteros, okupas y otras minorías silenciosas. Toda esa batería de mezquindades estuvo a la orden del día para contextualizar los dramáticos sucesos.

Especial responsabilidad compete al ministro de Interior, el magistrado en excedencia Juan Ignacio Zoido, cuando tuvo el gesto chusquero de declarar falazmente que se había desarticulado a toda la célula yihadista para así menospreciar la labor de los Mossos d´Esquadra. Una actitud que desmiente sus buenas intenciones referidas a clausurar la etapa de su antecesor, el teocons Fernández Díaz. Un tarugo muy entrenado que pasará a la historia del tebeo por haber concedido la medalla del Mérito Policial a la Virgen del Amor y ser el responsable de la creación y financiación con fondos públicos de una brigada político-social (“policía patriótica”) para boicotear el procés y chantajear a sus más icónicos procesionarios.

Un batiburrillo fomentado por los medios de comunicación de la Marca España que permitió el más difícil todavía de sembrar la duda sobre el uso competente de la colaboración antiterrorista por parte de los mossos con sus colegas estatales y europeos. Porque nada trascendente se mueve en el régimen de la transición, segundo ciclo, sin la dilecta colaboración del bloque mediático dominante y sus opinadores adscritos. Aquí la competencia ha sido feroz, y casi no ha habido diario o televisión que no haya aportado su granito de arena para el difamar que algo queda. Aunque en verdad quien se ha llevado la palma ha sido el periódico El Mundo. Basta haber leído editoriales como el titulado “Unidad y firmeza en la lucha contra el yihadismo en toda Europa” (18 de agosto) o su clónico “No puede haber taifas en materia de seguridad” (26 de agosto) para ver que el famélico rotativo estaba agitando con fricción el caldo de cultivo de la xenofobia y el racismo. Aunque luego se echen las manos a la cabeza cuando los neonazis del Hogar Social promueven una alucinante iniciativa legislativa popular para cerrar mezquitas, o descerebrados sin denominación de origen agreden física y verbalmente a personas con aspecto árabe que se topan en la calle. De la misma calaña fue el “linchamiento” al que sometieron en sus páginas al juez que en su día desoyó, con apoyo del abogado del Estado, la petición gubernamental de expulsión que recaía sobre el imán de Ripoll por vulnerar derechos y libertades básicos. Un acto de justicia retroactiva que el rotativo vendió como justicia preventiva. Y como casi nunca hay dos sin tres, la guinda de la desfachatez la puso El País publicando una viñeta contra el procés aprovechando que los terroristas pasaban por Barcelona. El dibujo de Peridis representaba a Puigdemont levitando con una urna en las manos y propulsado por las aspas de una senyera mientras exclamaba “nosotros seguimos con la hoja de ruta”, y abajo, observando su ascenso al cielo, situadas al borde de un precipicio, unas mujeres con brazaletes negros que decían “nosotros quedamos con la hija de luto”. Vileza obliga.

Esto en el bando nacional, a la “recherche” de hacer pleno en el algoritmo plebiscitario. En el nacionalista tampoco han atado los perros con longaniza. La sobreactuación, en ruedas de prensa y declaraciones ad hoc, del president y sus colaboradores para capitalizar la exitosa gestión de los cuerpos y fuerzas que intervinieron en los hechos (desde los equipos de emergencias pasando por los bomberos, los taxistas, los comerciantes, y el personal de los hospitales y centros de salud), ha sido patente y pugnante. Posiblemente, con la coyuntura que atraviesa la comunidad, era muy difícil no rendirse a la tentación de deslizar lo oportuno hacia el oportunismo. Las autoridades políticas tienen razones que la gente corriente ignora. Aunque, al mismo tiempo, su solvente gestión de la crisis ha valido como metáfora de lo que puede ser el Estat Catalá predicado, entendiendo “metáfora” en el sentido de Paul Ricoeur, como algo “que infringe el orden categorial pero también lo engendra”. De hecho, bien mirado el lema “no tinc por” es anfibológico, puesto que sirve lo mismo de respuesta a los atentados como para las amenazas al procés por parte del gobierno de la nación.

Lo cual no quiere decir que aún en estado de shock olvidemos la memoria. Entre otras cosas porque solo sobreponiéndonos a esa momentánea enajenación, y sabiendo de dónde venimos, podremos atisbar hacia dónde vamos o por dónde nos quieren llevar. Y eso afecta directamente a los mossos, los auténticos héroes de estas jornadas, celebrados por la gente por su profesionalidad y calidez a la hora de encarar los luctuosos acontecimientos. Ello exige recordar (ceteris paribus) que ese mismo cuerpo policial tiene también su lado villano y estuvo implicado recientemente en casos de índole criminal, bochornosos y lamentables. Como la muerte de un mantero en extrañas circunstancias; la carga de los antidisturbios que provocó la pérdida de un ojo a Esther Quintana durante la Huelga General del 2012; o, el más terrible de la saga, los injustos encarcelamientos y torturas a que fueron sometidos varios okupas en 2006, episodio que culminó con el suicidio de la joven poeta madrileña Patricia Heras nada más abandonar la prisión cinco años más tarde. Esta “muerte accidental” fue consecuencia de una detención flagrante y arbitraria (fue secuestrada por los mossos del hospital a donde había acudido por un accidente de bicicleta) cuando gobernaba el tripartito, siendo Conseller d´Interior el dirigente de ICV-EUIA Joan Saura. La historia ha sido narrada en el documental Ciutat Morta.

No tenim por!

Rafael Cid

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