La muchedumbre se agolpa expectante ante el parlamento donde en su interior unos centenares de personas pretenden seguir decidiendo sobre el futuro de millones sin ni siquiera prestarle atención. El llamado cordón policial estaba también allí. Compuesto de personas que también se sienten defraudadas con quienes detentan el poder recogido en unas urnas a las que la ciudadanía entregó sus esperanzas y anhelos, hoy también defraudados.

Entre la multitud embozados, escondidos, ocultos tras capuchas y pañuelos que ocultan el rostro, otras personas esperan el momento para agredir a alguien, provocar la respuesta violenta de la policía y de esta forma iniciar una espiral de reacciones nada pacíficas. ¿Quiénes son? ¿Por qué actúan de esta forma? ¿A qué intereses sirven?

Entre la multitud embozados, escondidos, ocultos tras capuchas y pañuelos que ocultan el rostro, otras personas esperan el momento para agredir a alguien, provocar la respuesta violenta de la policía y de esta forma iniciar una espiral de reacciones nada pacíficas. ¿Quiénes son? ¿Por qué actúan de esta forma? ¿A qué intereses sirven?

Es en este punto cuando los medios de comunicación dejan de comunicar y comienzan la otra espiral (no menos violenta, no menos dañina) de intoxicar a la opinión pública: Que si son “radicales de izquierda”, (como si no los hubiera de derechas o de extrema derecha) “anarquistas” (al desconocer el gran ideal de humanidad que esa palabra contiene), “anti sistemas” (porque el actual sistema parece que les va bien solo a ellos)…. Cuando realmente ningún periodista ha identificado claramente quien es quien. A algún comentarista de cadena televisiva se le ocurre aquello de que “no había banderas españolas”, o de que un portavoz del movimiento ciudadano “tenía acento sudamericano”,….. Otros apuntan a que los violentos pertenecen incluso a la propia policía. Todas estas afirmaciones son meras especulaciones mal intencionadas y que ponen en entredicho fundamentalmente la capacidad de información de los propios medios de comunicación para hacer un periodismo veraz y por otro la escasa información que la propia policía tiene de quienes mandan a quien para que “revienten” actos de expresión del estado de ánimo de la ciudadanía.

Que hay mucha gente que se manifiesta en toda España contra las decisiones de este Gobierno del PP es una evidencia. Que de momento a ese partido le da igual “ocho que ochenta”, también lo es. Que el resto de partidos políticos no se han hecho eco de que la ciudadanía (no conozco ni una sola opinión en contra) desea que los políticos (todos) se reduzcan el sueldo de forma considerable acercándose a un salario de un titulado superior en el mundo laboral, se reduzcan en número y comiencen a no seguir con sus políticas de gasto, dejando de percibir dinero por asistir a reuniones, es una realidad palmaria.

Pero si el que debe verlas no quiere hacerlo, su ceguera se muestra con mayor preocupación para quienes padecen los efectos perniciosos de sus funestas decisiones. ¿Quién pude dejarse guiar por un ciego? Despacharse diciendo que como ha dicho el Sr Gallardón que hay que respectar el derecho de manifestarse pero hay que acatar la voluntad de las urnas (le faltó decir la dictadura de las urnas), es la prueba evidente de que las urnas no están al servicio de la ciudadanía, sino de aquellos que a fuerza de prometer una falacia se hacen con la voluntad popular alterada con engaños. Los efectos políticos de estas muestras de insensibilidad y de falta de inteligencia política pasarán factura. La ceguera voluntaria puede y debe curarse, cuanto antes lo haga mejor para todos y que vea el gobierno que así no se pude seguir gobernando.

Fdo. Rafael Fenoy Rico


Fuente: Rafael Fenoy Rico