“La frontera era una línea invisible que imaginaban los guerreros. Mi primo Samir...decía que para crear una frontera sólo hacían falta soldados que obligaran a los demás a creer en ella. En el paisaje propiamente dicho no cambia nada. La frontera está en la mente del poderoso.” (Fátima Mernissi, Sueños en el Umbral)

Las políticas migratorias de la U€, son políticas racistas, xenófobas y además, criminales: en lo que va de año cerca de 700 personas contabilizadas y oficializadas, han perdido la vida en el Mediterráneo occidental; el triple de muertos que en todo el año 2017.

Las políticas migratorias de la U€, son políticas racistas, xenófobas y además, criminales: en lo que va de año cerca de 700 personas contabilizadas y oficializadas, han perdido la vida en el Mediterráneo occidental; el triple de muertos que en todo el año 2017.

Las personas migrantes intentan llegar a “un mundo libre” que les necesita para ser explotadas como mano de obra, a la vez que les odia y les trata según la ley de la oferta y la demanda del mercado capitalista: son mercancía perecedera, que se deshecha cuando no son funcionales para la rentabilidad del capital y sus representantes, el empresariado y la ciudadanía “bien pensante” para que cuiden a sus hijos e hijas, a sus abuelos y abuelas, a sus dependientes…

Las políticas migratorias europeas, son muy comunes –para los países ricos- y el aspecto más llamativo, es sin duda, la importancia que se otorga, en el propio Tratado Europeo, a los valores y principios.

La misma lírica humanista que, de manera invertida, los grandes imperios europeos (españoles, franceses y británicos) utilizaron en la colonización de países, regiones y continentes, a lo largo de los siglos: unos, en nombre de la religión y los valores del orden sagrado que ésta constituía y otros, en nombre de la libertad, la igualdad y la democracia.

La Unión Europea aborda el tema de las migraciones desde una perspectiva economicista: la libre movilidad de las personas y los trabajadores (comunitarios) por la Unión exige suprimir las fronteras internas. Pero también levantar controles más precisos en las fronteras exteriores, para todas aquellas personas extracomunitarias.

Las personas extranjeras sólo se contemplan en la UE en tanto que trabajadores útiles a las economías nacionales. Por eso tanto su acceso al territorio de la UE, como su movilidad por él, están severamente restringidos. Legislaciones propias de los estados de la UE, tienen en sus leyes ordinarias restricciones de acceso (ley de cupos), discriminatorias según de que tipo de “migrante” se trate. El estado español por ejemplo, reconoce en unas determinadas condiciones que el “migrante rico” que adquiera propiedades inmobiliarias por encima de 250.000 euros, podrá acceder al permiso de residencia. Reino Unido, Alemania, Austria, ahora Suiza con tratados bilaterales con la UE, restringen muy seriamente tanto el acceso a sus mercados de trabajo como el acceso a prestaciones sociales de sus estados de “bienestar”.

En cuanto a sus derechos ciudadanos o su integración social la UE simplemente se desentiende y, lo que si les garantiza es una probabilidad muy cierta de que mueran o se pudran en Centros de Internamiento y/o terminen siendo devueltos en menos de 24 horas (devoluciones en caliente).

Dan miedo, por autoritarias y fascistas, las declaraciones y prácticas de los denominados líderes europeos: “las migrantes no caben en el modelo occidental”…”las migrantes son las responsables del desempleo, de la insuficiencia en los servicios públicos”…”las fronteras, los muros con concertinas, las devoluciones en caliente, son una garantía de que no se ataque nuestro modelo occidental…”.

Ellos y ellas, líderes políticos, con una ausencia total de humanismo, no ya de justicia social y universal, a diario “invaden” nuestras conciencias con mensajes racistas, xenófobos y eurocéntricos, creando de esta manera una “falsa alarma social” que esconda sus vergüenzas, responsabilidades, corrupciones, robos y expolios.

La mayoría social, las clases asalariadas, activas, ocupadas, paradas, precarias, pensionistas, viejas y jóvenes, tenemos que frenar y parar este avance del fascismo institucional, que trata de hacer de las víctimas las responsables de su barbarie e inhumanidad.

No tomar partido por las víctimas es simplemente ser cómplices (por acción u omisión). Llenemos las calles de JUSTICIA Y DERECHOS.

¡YA BASTA DE FASCISMO INSTITUCIONAL!

Secretariado Permanente de Comité Confederal


Fuente: Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT