Que nos toman el pelo a menudo no hace falta que lo diga yo ahora y aquí que ya lo sabemos hace mucho. Algunas veces, sin embargo, la tomadura de pelo se produce o intentan hacerla a pleno sol, a plena luz del día, sin respetar la regla no escrita esta de hacer los crímenes más asquerosos a escondidas, a plena oscuridad, escondiéndose y toda la pesca, y entonces, como ya sabemos que cuando hablan sólo sueltan mentiras, nos producen una rabia especial.

Vea sino el caso este del banco malo. Cuando a una palabra que sabemos más negativa que el polo que no es positivo de una pila eléctrica le pegan detrás un adjetivo específicamente negativitzador como este «malo», es claro que lo que están haciendo es positivizar el nombre al que se añade el calificativo. Con «malo» no definen cómo será este banco público que se dedica a traspasar dinero de todos a manos privadas que con el invento de la crisis se han medio cogido los dedos sino que positivizan todo el resto de bancos …

Vea sino el caso este del banco malo. Cuando a una palabra que sabemos más negativa que el polo que no es positivo de una pila eléctrica le pegan detrás un adjetivo específicamente negativitzador como este «malo», es claro que lo que están haciendo es positivizar el nombre al que se añade el calificativo. Con «malo» no definen cómo será este banco público que se dedica a traspasar dinero de todos a manos privadas que con el invento de la crisis se han medio cogido los dedos sino que positivizan todo el resto de bancos … que son más malos que la tiña …

El estado parásito al servicio de los ricos se lo dice bien claro: «Banqueros buenos, amigos nuestros, ha adquirido e incluso construido miles de pisos no necesarios sólo para especular y os habéis forrado con este negocio con un bien de primera necesidad como es la vivienda durante décadas. Y ahora que la burbuja ha estallado no sabéis qué hacer con los pisos y pensad incluso que perderá dinero «. «No sufráis que aquí tenéis vuestro amigo estado que le ayudará en todo lo que haga falta». Así el «banco malo» se quedará los pisos que no puedan vender los bancos para que no baje el precio, si es necesario derribará algunos y a la vez hará fuera de los espacios donde vivan las personas que no puedan pagar las hipotecas o hayan decidido okupar la casa donde viven. Policía y policía. Para ello sirve, claro, para mantener el orden desordenado que permite y promueve que mientras miles de casas están vacías y muchas para estrenar las calles acojan precisamente personas sin vivienda.

Se beneficiarán los «bancos buenos». Claro, porque a pesar de no decir este adjetivo es de lógica saber que lo contrario de «malo» es «bueno». La «banca buena» es, pues, aquella que nos ahoga cada día y daña la vida de la mayoría, que se queda los ahorros de millones de jubilados vendiéndoles participaciones preferentes, que desaloja personas de sus casas (cuando digo «sus «me refiero a las personas, no a los bancos), que tiene como único objetivo el lucro de cuatro desgraciados que sólo merecen la nada. Y aquí, en este nada que cada uno ponga las palabras que haya o necesite.

Necesitamos bancos (más cajas que bancos, claro) y banca porque alguien tiene que gestionar nuestro dinero. Sí, claro que hay quemarlos y que los quemaremos, pero mientras no los quemamos debemos construir una banca cooperativa, solidaria, de base, que abastezca los movimientos sociales de dinero y de posibilidades de crecer (no de crecimiento sino para construir las autonomías que necesitamos) para prescindir de los bancos malos, que son todos, todos los demás.

-¿Que ya lo tenemos?

-Ya lo sé.

-¿Que se llama Coop57 y Fiare?

-Sí, claro, entre otras sí.

-¿Que por qué no lo digo?

-Ya lo he dicho.

-¿Que es propaganda?

-Dile como quieras pero lo necesitamos y ¡ya lo tenemos en parte! Y no en este caso el banco no es «malo» …

* Jordi Martí Font es periodista, escritor, activista social, trabajador de la enseñanza y afiliado a CGT Tarragona

http://blocs.mesvilaweb.cat/node/view/id/237917

http://cgtcatalunya.cat/spip.php?article8519


Fuente: Jordi Martí Font