Anuncian la equiparación del vandalismo al terrorismo. Rapidamente, optan por la veta de siempre. Tirando del hilo inquisitorial. Discursos habituales de firmeza, bajo la cultura del miedo que multiplica votos y la obsesión por la seguridad que capta adhesiones, en una deriva jurídica cronificada de la que no aprendemos nada. Memoria de pez, con más ruido que no realidad. Más propaganda que no soluciones. Más impotencia que no otra cosa. Aparentar que son resolutivos sabiendo que las razones de fondo son profundas. Y bien complejas.

Pero la realidad es bastante más tozuda. Se desautorizan solos. Porque, aunque sea tan recurrente y efectivo, esto de anunciar nuevas reformas, resulta que la ‘novedad’ legal que aho

Pero la realidad es bastante más tozuda. Se desautorizan solos. Porque, aunque sea tan recurrente y efectivo, esto de anunciar nuevas reformas, resulta que la ‘novedad’ legal que ahora anuncian… ya existe. Desde hace doce años. Esta vigente desde 2000, cuando Ángel Acebes introdujo el artículo 577 al Código Penal. Con el mismo argumento de ahora: combatir la violencia urbana. Un artículo que es una especie de cajón de sastre que, como Midas, convierte todo lo que toca en terrorismo, aunque no concurra ninguna de las especificidades legales de esta tipificación penal. Dijeron entonces los del mundo jurídico: expansión difusa del delito de terrorismo, una puerta abierta a todo tipo de abusos y atropellos. El siguiente paso, bastante recordado, fue cerrar Egunkaria. El redactado del artículo 577 es abierto y sencillo: contra aquellos que, sin pertenecer a ninguna organización terrorista, y con la finalidad de subvertir el orden constitucional o de alterar gravemente la paz pública ‘participen en múltiples actos ilícitos . ‘Aquellos que, sin pertenecer’ son cualesquiera? Jurídicamente, sí: los que no son terroristas serán terroristas. Abismo y deriva: juguetes del Poder. Gasolina al fuego.

No aprendemos. De hecho, disponen de un código penal reformado ventiseis veces desde 1995.Siempre bajo el paradigma del endurecimiento y con la cantinela de penas ‘más grandes, más duras, más largas’. A golpe de ventiseis reformas no hemos ido a ninguna parte. Nunca se ha resuelto nada de lo que se decía. Hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes, silba Einstein, es siempre la cosa más inútil. Como inútil es un código penal que es ‘el más duro de la UE’, según Pérez Rubalcaba. Y que nos ha llevado al número de presos más grande justo cuando más bajaban las tasas de los delitos. Paradójico. Pero en la sociedad del espectáculo, la disrupción urbana de los disturbios hace cotizar el miedo al alza. El drama quizás es éste. Dotarse infinitamente de más utensilios represivos que no cambiarán nada y que únicamente retroalimentarán la espiral del enfrentamiento y las injusticias. Que seguramente es lo que anhela el poder, incapaz de responder al colapso social de los 2,7 millones de pobres de los Países Catalanes, cultivo del malestar y de la desesperación. Termodinámica de las desigualdades: donde no hay derecho (s), señorías, hay derechas.

¿Fernández Díaz no ha leído el código penal que el PP modificó en 2000? ¿Felip Puig no conoce el artículo 577? ¿Qué tipo de responsables políticos líquidos tenemos? No aprender del pasado reciente es, aparte de ridículo y sintomático, bien peligroso. Memoria casi inmediata: aquel artículo 577 tuvo durante cuatro años tres jóvenes de Gràcia-acusados ​​falsamente de haber quemado cajeros automáticos-con la espada de Damocles de una condena de diez años de prisión. Fueron absueltos del todo. Pasa lo que pasa. Ni nosotros aprendemos ni ellos quieren aprender.

Y vuelta a empezar. Nuevo ciclo enloquecido anunciado. Con muescas que ya se recuentan. Hoy, tres jóvenes -dos estudiantes y un socio de una asamblea de barrio- ya han sido encarcelados a raíz de la obsesión represiva. Encarcelados en caliente, ejemplificación de inquisición, propaganda de jarabe de caña. Tres jóvenes que fueron detenidos la mañana sin ninguna relación con las violencias de la tarde. El auto de prisión, entre Kafka y Carl Schmitt, lo justifica aduciendo que el 3 de mayo el Banco Central Europeo se reúne en Barcelona y se pueden reproducir los choques. ¿Profilaxis franquista? ¿Limpieza preventiva de la ciudad para evitar protestas? Enloquecido. Vamos, dragones.

Antes y ahora, metáfora de un Guantánamo que nunca se ha cerrado, flota finalmente la etimología del terror. Vale la pena recordar hoy las dificultades de Josep Borrell en la última Cumbre Euromediterránea de Barcelona, ​​cuando comparecía con evidentes obstáculos filosóficos para concretar qué era y qué no era terrorismo. La crisis nos hace volver atrás y multiplica los retrocesos sociales. En materia de derechos civiles y políticos y de garantías jurídicas, también. Los tres jóvenes encarcelados en Cuatro Caminos son ahora mismo la peor prueba. Hoy. Ahora. Aquí. Cuando lo que habría que definir como terrorista -dominación por el terror, según la GEC- es la definición misma de terrorismo que ya existe y la que ya preparan. En el artículo 577 y los que vendrán. Con el telón de fondo de siempre: sabemos dónde empieza la deriva. Nunca como acaba. Por mucho que siempre acabe mal.

David Fernández es periodista y activista social. Artículo publicado en Vilawebhttp://www.vilaweb.cat/opinio_contundent/3999639/benzina-foc.html

http://www.cgtcatalunya.cat/spip.php?article6977


Fuente: David Fernández