Acabo de leer un libro que me ha dejado un poso agridulce… Bueno, en realidad debería decir inquietante y esperanzador…

Lógica y sentido común, coherencia, y tono...

No debería hacer falta mucho más que esas 3 cosas para iniciar el cambio de rumbo que necesitamos...

Pero escasean...

¿Por qué...?

La Psicología nos ha aportado grandes conocimientos en los últimos 50 años, dos de ellos nos permiten contestar a la anterior cuestión:

1) Los seres humanos decidimos y actuamos guiados por la percepción que desarrollamos de la realidad, y no por una realidad objetiva constatada.

2) Los seres humanos, si no podemos atribuir consecuencias a nuestras acciones nos sentimos desmotivados para desarrollarlas.

La Psicología nos ha aportado grandes conocimientos en los últimos 50 años, dos de ellos nos permiten contestar a la anterior cuestión:

1) Los seres humanos decidimos y actuamos guiados por la percepción que desarrollamos de la realidad, y no por una realidad objetiva constatada.

2) Los seres humanos, si no podemos atribuir consecuencias a nuestras acciones nos sentimos desmotivados para desarrollarlas.

Entender estos dos hechos constatados y probados es FUNDAMENTAL, porque al mismo tiempo que suponen una gran barrera para el cambio, son portadores de la SOLUCIÓN que necesitamos.

La gente no cree en el cambio climático, en el pernicioso sistema neoliberal, en la insostenibilidad del propio capitalismo como sistema socioeconómico, o incluso algunos en el holocausto judío, porque están mal informados. No desinformados, no, sino malinformados, con MALA INFORMACIÓN; y con esa mala información se forma unas percepciones de la realidad muy desajustadas con su propia naturaleza objetiva. Además, esta «verdad» se ha aprovechado siempre por parte del poder «establecido» para el desarrollo propagandístico y la manipulación mediante los medios de información, especialmente durante las últimas 3 décadas; lo que ha propiciado que se instale ampliamente en las sociedades la idea de que «como nos engañan sistemáticamente con «cortinas de humo», todo es cuestionable y relativo».

Al mismo tiempo, el mensaje de «somos unos delincuentes inmorales e irresponsables, y sólo se va a poder solucionar esto mediante medidas impopulares porque nos van a suponer un montón de renuncias», NO ES ADECUADO, porque desmotiva, inmoviliza e incapacita para la acción. Si le pido a alguien que se «sacrifique», «renunciando» a un montón de cosas hoy, para que se produzcan unas consecuencias futuras mañana que ese alguien probablemente no va a poder reconocer como asociadas a sus acciones, e incluso es muy posible que ni llegue a ver, entonces ese «alguien» piensa que «ante tamaña incertidumbre, y dado que todo es relativo, mejor ande yo caliente aunque se ría la gente…».

Pero no olvidemos que es irrefutable, lo percibamos como lo percibamos, el hecho de que estamos alterando el clima de nuestro planeta, una isla en la inmensidad del espacio, con consecuencias muy inciertas, pero muy catastróficas para los seres humanos que lo habitamos, no para la “naturaleza”, que seguro seguirá su dinámica entrópica. Ni pasemos por alto tampoco el hecho de que, independientemente de cualquier percepción, el capitalismo en sí mismo, radicalmente en su expresión liberal, no hace sino acentuar nuestra intervención en la entropía consustancial con la “naturaleza”. Tampoco debemos olvidar que, el mero hecho de poder leer esto lo evidencia, el azar nos incluyó en el grupo de los favorecidos.

Debemos interiorizar el conocimiento disponible, y el conocimiento disponible desde la psicología y desde la filosofía, la “madre” de la ciencia, pone de manifiesto que el relativismo puro, el nihilismo radical, no es racional, y sí ajeno a la lógica; y que la solución pasa por un cambio cultural.

Un cambio cultural que debe comenzar desde el nivel individual y personal, planteándonos introspectivamente la cuestión de “¿cómo quiero vivir?”. Su respuesta nos sitúa ante otros interrogantes: ¿cómo quiero que sea mi relación con mi entorno, con otras personas, con otros seres vivos y con los objetos inanimados?, incluso ¿cuál es mi papel en la “naturaleza”?, ¿cómo quiero que se distribuya mi tiempo vital?, ¿cómo quiero integrarme y desarrollarme socialmente?, ¿cómo, de dónde, y de quién quiero informarme?; y nos sitúa ante nuestra realidad: justicia, equidad, libertad, verdad, implicación, responsabilidad, mentira, coherencia, reciclaje, consumo, transporte…

Que al mismo tiempo se despliegue en el nivel estatal, mediante el empoderamiento ciudadano, que no es ni más ni menos que la participación activa de los ciudadanos y ciudadanas en las decisiones de “estado” según el entender del término “política” en la antigua Grecia. Variar nuestras arraigadas creencias del “debe ser” nos plantea interrogantes acerca del papel de los gobiernos y su obligada y debida, aunque incumplida, ética; del papel de los medios de comunicación de masas, hoy utilizados como medio de desinformación o de transmisión de mala información; del papel del sistema educativo, hoy convertido en una máquina generadora de “pensamiento único” y amansadora de conciencias; del papel de las relaciones laborales, hoy polarizadas hacía el extremo del poder que las exige y obliga carentes de equidad, justicia y libertad; del papel de las mujeres, los niños y los ancianos en la sociedad que “queremos que sea”. Y nos sitúa frente a nuestra realidad: gobiernos, sistema económico y financiero, ONG`s, derechos humanos, democracia, sindicatos, representatividad, activismo, movilización, Internet…

Y que finalmente se extienda estado por estado, a un nivel mundial, exactamente igual que el actual proceso de globalización, pero en un sentido radicalmente distinto. Esto plantea interrogantes en cuanto al papel de las corporaciones, alejadas del deber de la Responsabilidad Social Corporativa como objetivo supremo; al papel del dinero, únicamente pensado como patrón de cambio con el que organizar de manera cómoda, sencilla y uniforme parte de nuestros intercambios, y utilizado hoy como recurso en sí mismo; al papel de los extensísimos canales de distribución mundiales, con los impactos devastadores que supone para el medio y la mayor parte de sus sociedades; al papel de guerras y conflictos armados, hoy utilizados como mecanismo expoliador del medio y reactivador de un “crecimiento” artificial, y represor de la sociedad civil; al papel de las redes de comunicación abiertas, libres y participativas, hoy motoras de cambio aunque aún patrimonio de favorecidos..

Os dejo un inquietante “regalo”:

Wezler, H. (2011): Guerras Climáticas. Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI, Katz Editores (http://www.katzeditores.com/welzer/video-welzer.htm).

Desgraciadamente, no hace falta mentir para describir nuestra realidad…, y el cambio empieza por un@ mism@…