Imagine que es Usted el propietario de un medio de comunicación de cierta relevancia y que se encuentra con una noticia de alcance que naturalmente quiere divulgar. Piense ahora que dicho suceso afecta a dos partes en conflicto. Una de ellas le reporta beneficios a Usted por sus gastos en publicidad, la otra no le da a ganar ni un céntimo. ¿De qué lado se pondría? El código deontológico del periodismo aconseja que de ninguno, pero su interés personal y la experiencia nos dicen que del de aquel con el que más se vaya a lucrar.

Ahora el ejemplo práctico: la
detención de los animalistas por su supuesta responsabilidad en las
liberaciones de visones. Si dejamos aparte unos cuantos medios
alternativos que no suelen insertar anuncios publicitarios, la norma ha
sido que tanto la prensa como la televisión han mostrado un apoyo
descarado y muy poco objetivo al sector de la peletería porque así se
aseguran seguir haciendo caja con él. Deberíamos reflexionar sobre eso.

Ahora el ejemplo práctico: la
detención de los animalistas por su supuesta responsabilidad en las
liberaciones de visones. Si dejamos aparte unos cuantos medios
alternativos que no suelen insertar anuncios publicitarios, la norma ha
sido que tanto la prensa como la televisión han mostrado un apoyo
descarado y muy poco objetivo al sector de la peletería porque así se
aseguran seguir haciendo caja con él. Deberíamos reflexionar sobre eso.

Y también hacerlo sobre los números de la venta de pieles. Que el número de granjas de esta naturaleza haya sufrido una disminución constante y notable los últimos años, demuestra que los productos para los que proveen de materia prima tienen cada día menor demanda. ¿A cuántos industriales no se les habrá pasado por la cabeza hacer algo para no perderlo todo? Simular un allanamiento con suelta de visones para cobrar el seguro tal vez haya sido la opción de alguno. Casos ha habido de empresarios que le han prendido fuego a su negocio por idéntica razón. Pues estos señores que crían seres vivos para despellejarlos también son capaces de pensar, y la experiencia una vez más es quien mejor nos puede indicar quién sale realmente ganando con ese tipo de actos.

Pero no olvidemos otra cuestión: los animales que se les escapan fortuitamente a los que se dedican a criarlos para arrancarles la piel – según ellos mismos reconocen – y que multiplicados por los días de un año y por el número de granjas, arrojan una cifra de animales muy alta que también causa daño al ecosistema, ¿no es así? Por cierto, que el visón americano, catalogado como especie invasora, ha sido introducido en nuestro País por la industria peletera. ¿Eso no tiene sanción?

Para el animalista no tiene razón de ser hacer algo así puesto que no podría reivindicar semejante acto, con lo que queda fuera de lugar cualquier intencionalidad de colgarse medallas o de conseguir adeptos para la causa. Tampoco tiene el menor sentido que abandone a unos animales sabiendo que eso va a suponer su muerte en la mayoría de los casos y también daños para otras especies. La defensa de estas criaturas tiene como primera condición buscar su bienestar y eso, es algo que cualquier activista tiene claro y lleva a rajatabla. Un animalista no daña a un animal, lo protege.

Quien decide actuar desde la clandestinidad por la causa que sea recurriendo para ello a prácticas ilegales, no pierde tiempo ni recursos en realizar un trabajo paralelo legal a cara descubierta. Puede que algunos lleven a cabo acciones más o menos llamativas para generar debate y despertar la conciencia de ciudadanos en general y de políticos en particular al respecto, pero no cometerían la necedad de echar por tierra toda esa labor perpetrando un acto ilícito, y menos cuando las consecuencias que de él se derivan entran en contradicción con sus creencias.

Con la connivencia ya nombrada de muchos medios de comunicación por motivos crematísticos, los dedos acusadores que en este caso ya han emitido su juicio declarando culpables de terrorismo a estos activistas y pidiendo para ellos un castigo ejemplar, vienen principalmente de ámbitos taurinos y cinegéticos, además del peletero, por supuesto, sectores enemistados con los defensores de los animales y que están deseando que se acabe con ese movimiento. Pero la justicia ha de ser imparcial y porque creo que salvo tristes excepciones sabe dar muestras de esa objetividad, estoy convencido de que en esta ocasión no recaerá la culpa sobre quien no la tiene por mucho que unos cuantos se estén encargando de que así sea. Está claro que alguien soltó a esos animales (que nunca deberían de haber estado ahí encerrados) y que eso implica que se abra una investigación. Ahora bien, los sujetos que en este caso parecen más proclives a ser los responsables a simple vista, dejan de aparecer como tales a poco que se conozca la filosofía del animalismo y se analice a quién perjudica y a quién beneficia realmente algo así. Perjudica a los animales y del beneficio ya se ha hablado.

En EEUU hay varios casos documentados en los que los tribunales han probado que, detrás de acciones violentas en grado de tentativa o consumadas cometidas presuntamente por activistas defensores de los animales, realmente estaban miembros de industrias vinculadas a la explotación y al sufrimiento animal, llevando a cabo un montaje para criminalizar y desmontar un movimiento cuya ética es incompatible con los intereses de estos negociantes de la muerte ajena. Es ese un modelo de conducta muy peligroso pero cuyas ventajas son valoradas como positivas por determinados empresarios a ambos lados del Atlántico. Esta consecuencia sumada a la indicada en el segundo párrafo, lleva a pensar que una liberación de visones tiene más atractivo para el empresario que ve bajar sus ventas y que puede recibir una inyección de dinero, – e incluso deshacerse de un negocio que tiende a la ruina – que para ningún otro. Si a eso le sumamos que es bastante sencillo echar el muerto sobre aquellos que tanto le molestan, ¿qué más quiere?

La Organización Empresarial Española de la Peletería muestra publicidad en su página de las matanzas de focas con vistas al comercio. Y eso lo hace cuando desde 2010 está prohibido en la Unión Europea. Ver algo así en el mismo lugar en el que aseguran una y otra vez que los animales de sus granjas son objeto del mayor bienestar (ya me contarán cuáles son las delicias de permanecer continuamente en una jaula hasta el momento de ser despellejado y muchas veces todavía con vida), es un ejercicio de hipocresía y una muestra de evidente falta de respeto a la legalidad. De personas así me puedo creer ciertas cosas: desde que les importe un rábano la suerte que corran los animales que tienen prisioneros o cualquier otro del entorno, hasta que elaboren un perverso teatrillo con el objeto de escapar de la bancarrota. Y si entretanto algún inocente paga sus culpas tampoco les importa demasiado, pues en definitiva se trata de gente que lleva mucho tiempo denunciando lo cruel de su forma de ganarse la vida.

Creo en la total inocencia de los animalistas detenidos y confío en que ese sea el veredicto que todos ellos reciban. Pues se puede estar comprometido en la defensa de los animales o no, pero la justicia no puede tropezar en filias o fobias, sino que ha de obedecer a la reflexión razonada y en este caso, hay indicios más que suficientes como para determinar que esos activistas no tienen motivos éticos y pragmáticos para llevar a cabo unas liberaciones que irían en contra de sus principios y de sus intereses, pero que hay otros – los aparentemente perjudicados – para los que sí existen argumentos materiales para realizarlas, sustentados en una posición moral sobre el asunto que está muy clara a la vista de su trayectoria.

Julio Ortega Fraile

Delegado LIBERA! Pontevedra

www.findelmaltratoanimal.blogspot.com