"Qué no daría yo por que un gobierno, del signo que fuera, llevara a los jóvenes a ver los campos de concentracón que hubo en España, com se hace en otros países", afirma el presidente de la ’Amical de Mauthausen y otros campos de concentración nazis’, Enric Marco, en una entrevista concedida a Europa Press.

«Qué no daría yo por que un gobierno, del signo que fuera, llevara a los jóvenes a ver los campos de concentracón que hubo en España, com se hace en otros países», afirma el presidente de la ’Amical de Mauthausen y otros campos de concentración nazis’, Enric Marco, en una entrevista concedida a Europa Press.

Para Marco, un exdeportado del campo de concentración alemán de Flossenburg, «conocer la historia es la única manera de no volver a cometer los mismos fallos, pero en España ésto no se quiere ver, y los jóvenes no saben por qué tantos españoles acabamos en los campos alemanes».

Marco es un historiador que ya ha cumplido los 83 años y sigue dedicando su vida a narrar su experiencia a los demás para cumplir dos objetivos. «Mantener vivo el recuerdo es importante para recuperar la dignidad de las personas que perdieron la vida luchando contra el totalitarismo, y para aprender y conseguir que no se repita nunca más esa situación».

LOS CAMPOS DE HOY.

«Los jóvenes de hoy también tenéis vuestros campos de concentración, quizá no en Europa, pero sí en Ruanda, Afganistán, Guantánamo o Irak, por eso es importante que conozcáis lo que fue el siglo XX», opina Marco, y añade que tanto él como los pocos supervivientes españoles de los campos de concentración nazis que aún viven son «muy útiles, porque no es lo mismo leer un libro de texto frío que escuchar y ver a un testigo y víctima de esa barbarie».

Marco visita, «cada día durante el curso escolar», institutos y colegios para dar conferencias sobre la persecución de los republicanos en la guerra civil y después de ella, y su deportación a campos nazis, es decir, sobre su vida.

«En otros países europeos, estas conferencias en escuelas, ateneos e incluso prisiones se pudieron dar hace sesenta años, cuando acabó la guerra y los prisioneros regresaron a su hogar y fueron escuchados y bienvenidos, pero los deportados españoles no encontramos ningún gobierno que nos cuidase y tutelase. Simplemente nos dejaron allí, no nos quisieron recuperar ni nos dejaron hablar», recuerda el historiador, «por eso, aunque tarde, tenemos que explicar lo que pasó».

Montserrat Roig recoge en su libro ’La lucha contra el olvido’ que «la deporatción no morirá porque pretendamos olvidarla. Los crímenes se borran de otra manera, se borran con la palabra».

Para Marco, contar su experiencia no es sólo una necesidad personal y una deuda histórica, sino también un deber moral. «No podemos ver lo que pasa en el mundo, tantas guerras inventadas y tantas paces injustas, y callar, sin ser cómplices», afirma.

TAREA INACABABLE.

«La nuestra es una tarea inacabable, porque siempre surgen nuevas clases de totalitarismo, por eso hay que continuar. Las asociaciones como la ’Amical de Mauthausen’ están desapareciendo, porque los fundadores fallecen. Pero nosotros hemos apostado por el cambio generacional, hemos comprado nuestro nuevo local, que estará pagado en diez o quince años, y pretendemos que nuestros testimonios nos sobrevivan».

Por eso, el pasado 10 de mayo la ’Amical’ y la Generalitat firmaron un convenio para impulsar la creación del Institut Memorial Democràtic. «Con la transición española, llegó la amnistía para todos. Pero, ¿qué nos tienen que perdonar a nosotros ?», se pregunta Marco.

«No se puede perdonar si no hay justicia, y eso pasa por sacar a la luz las fosas en las que perdieron la vida y la dignidad aquellos que fueron enterrados como animales», afirma.

CAMPOS EN BARCELONA.

«En Barcelona también hubo campos de concentración, como el de Horta. ¿Alguien sabe que en lo que es ahora la Vila Olímpica hubo un tiempo en que se fusilaba a gente inocente ? ¿Y que en los terrenos del Palau Sant Jordi, en el que hoy saltan los jóvenes en cualquier concierto, se hacinaban las mujeres y los niños, comidos por las pulgas y las chinches ?», se interroga Marco, indignado y apenado por la falta total de memoria histórica.

A los neonazis y cabezas rapadas que se encuentra en sus visitas a los institutos, Marco les pregunta si «conocen la historia, si saben siquiera lo que significa una esvástika. La ignorancia es la causa de que los jóvenes equivoquen su camino».

Marco nunca ha entendido «cómo alguien se puede identificar con un símbolo de la muerte y la destrucción, como la esvástika, ese símbolo con forma de garra al cual sólo puede acompañar un ’Muerte’ o un ’Abajo’».

«Si los chicos supieran cuánta sangre hay detrás de una esvástika, muchos no la llevarían como si fuera una marca de tomate frito o de ropa», asegura el historiador.

Enfrente de la sede de la ’Amical’, alguien ha pintado el símbolo de la Falange Española. Marco la observa con una mezcla de rabia, pena y resignación. «Ni siquiera la he intentado borrar. Si ladran, es que cabalgamos. Por lo menos sabemos que nos tienen en consideración, aunque sea en mala consideración», bromea.

Si se encontrase con un nacionalsocialista de la época de Hitler, el exdeportado de Flossenburg le preguntaría si «se ha dado ya cuenta de lo que hizo. De que aplicar una ideología por encima de los sentimientos de las personas es cruel e inhumano». Según Marco, «la deshumanización es lo que permite entender lo que pasó, lo único que explica cualquier crimen».

NIÑOS SILENCIOSOS.

«Si un niño me pregunta qué es un campo de concentración, le explicaría que es un lugar adonde llevaban a mucho niños como él, por el simple hecho de nacer judío, eslavo o polaco. Niños que sólo se escondían. No reían, no lloraban, niños muy silenciosos», explica Marco. «Los niños eran las víctimas preferidas de los nazis, porque no rendían, sólo molestaban», añade con la mirada perdida.

Las otras grandes víctimas en los campos de concentración fueron, según cuenta Marco, las mujeres. «A las mujeres se les pide que sean limpias y dignas, dos cosas muy difíciles en un campo de concentración, en el que tenían que aprovechar un trozo de cartón de embalaje para fabricarse una compresa», explica.

RECONOCIMIENTO.

Marco lamenta que «los niños alemanes sepan mejor lo que significaron los republicanos españoles que terminaron en los campos que los niños españoles», y pide que en España se les dé el mismo reconocimiento que se les da en el extranjero.

«Nuestro máximo orgullo es que nos presenten al desfilar en los homenajes a los deportados a Mauthausen y las víctimas del nazismo como ’los primeros que defendieron la libertad y la democracia en Europa’», afirma emocionado.