La industria española desembarca en Tánger atraída por los bajos costes a sólo 14 kilómetrosLos principales proyectos generarán 100.000 empleos en 2012
Los empleados no son cualificados, pero los salarios son diez veces más bajos
  •  Qué, para Tánger, ¿no ? Creo que no es la primera vez que coincidimos.
  •  Pues sí, otra vez para allá. ¿A qué te dedicas ?
  •  Tengo un taller de confección con 200 personas. ¿Y tú ?
  •  Yo soy el responsable de producción de una empresa de chips. Tenemos una fábrica en China y, desde hace un año y medio, otra en Tánger, de 150 trabajadores.
    La industria española desembarca en Tánger atraída por los bajos costes a sólo 14 kilómetrosLos principales proyectos generarán 100.000 empleos en 2012

    Los empleados no son cualificados, pero los salarios son diez veces más bajos

  •  Qué, para Tánger, ¿no ? Creo que no es la primera vez que coincidimos.

  •  Pues sí, otra vez para allá. ¿A qué te dedicas ?

  •  Tengo un taller de confección con 200 personas. ¿Y tú ?

  •  Yo soy el responsable de producción de una empresa de chips. Tenemos una fábrica en China y, desde hace un año y medio, otra en Tánger, de 150 trabajadores.

    La cornisa norte de Marruecos, y muy especialmente la región de Tánger-Tetuán, ofrecen ventajas muy atractivas : costes laborales bajísimos, mano de obra joven y abundante, menos impuestos ; el especial dinamismo de la zona, con varios polígonos industriales en construcción, el formidable puerto de Tánger-Med, autopistas… además, claro, del imán que supone la futura factoría que va a levantar la alianza Renault-Nissan. Todo ello está convirtiendo a esta zona del norte de Marruecos en un hervidero de industriales que trasladan fábricas españolas en busca de mayor competitividad.

    El desembarco de empresas en el Rif ya es fenomenal. Basta con echar un vistazo a los vuelos que diariamente cruzan el Estrecho de Gibraltar : el 99% de los pasajeros son ejecutivos. A falta de datos oficiales sobre su evolución, la directora de la Cámara Española de Comercio de Tánger, Rocío Estévez, aporta un botón de muestra : el uso del fondo español para la conversión de deuda en inversiones privadas alcanzó el año pasado el 30% ; en 2000 era del 12%.

    Lo corrobora Josep Maria Puig, el responsable de Amsel, una consultora que lleva 18 años acompañando a empresas -en su mayoría catalanas- en su aventura por el Rif. El año pasado contribuyó a la implantación de 22 firmas en Tánger y este año ya lleva media docena. «Tenemos 110 clientes con presencia estable», se enorgullece Puig, a quien nada más pisar el aeropuerto marroquí lo reciben con honores y reverencias.

    Empresas de todos los sectores y tamaños. Mondragón, Indo, Abanderado, Roca, Simon, Pulligan, Antolín, El Corte Inglés… además de las principales multinacionales de servicios y de constructoras, muchas constructoras. La Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Marruecos estima en torno a 800 las firmas españolas instaladas en el país vecino. De éstas, un tercio se encuentran en la región de Tánger.

    Durante la última década, España se ha situado entre los principales inversores en el Reino Alauí. Hasta el punto de rivalizar con Francia por la primera posición inversora. En el periodo 1997-2004, el desembolso español fue de algo más de 2.000 millones de euros, un 22% de toda la inversión captada por Marruecos. Detrás de Francia, que copó el 42,3%. Según datos de la Oficina de Cambios, entre enero y septiembre de 2007, España aparece como el segundo mayor inversor, con el 20,5% del total. Es una posición muy próxima al país galo (32,8%), que cuenta con el factor añadido de haber participado en privatizaciones.

    Miles de marroquíes sueñan, desde el céntrico y bullicioso Balcón de los Vagos de Tánger, con saltar al primer mundo. Sus miradas se cruzan con las de los empresarios españoles, para los que ese lado es El Dorado.

    El principal hechizo es la posibilidad de acceder, con solo cruzar el Estrecho, a unos costes laborales ofensivamente bajos. Los empresarios no lo esconden y las autoridades locales no sólo lo utilizan como anzuelo, sino que alardean de ello. En el folleto de promoción de la Zona Franca de Tánger, entre las distintas ventajas que señala, una aparece recuadrada bajo el epígrafe «Nivel de salarios interesante : Obrero no especializado 0,87 euros/hora, obrero especializado 0,95 ; obrero experimentado 1,1 ; ejecutivo mediano, 500 y ejecutivo, 1.000 euros». El coste salarial medio en España es de 1.600 euros. ¡Sueldos diez veces más baratos a sólo 14 kilómetros de la península Ibérica ! Marruecos, tan cerca, tan lejos.

    «Si un producto tiene un 30% de mano de obra, el coste total de fabricar en Marruecos puede bajar entre un 75% y un 80%, dependiendo del volumen y el peso del producto», explica Xavier Torra, director general de Simon. La compañía de pequeño material eléctrico tiene una fábrica que se divisa desde el aire -cuando uno aterriza se topa con las luminosas letras azules de su rótulo- en la que trabajan 250 personas y de la que salen un millón de enchufes al mes. «La incidencia del valor de la mano de obra en el coste final puede pasar de ser 30 a España, a 2,5 ó 3 allí», argumenta Torra, por lo que ha redoblado su apuesta por la zona. Acaba de comprar unos terrenos junto a la planta que levantó hace tres años, en el polígono industrial de Gzanaya, donde caben cuatro más. La primera estará en funcionamiento este verano.

    Gzanaya es un fangoso polígono que está en permanente construcción. Si las empresas no inician el proyecto en un año desde que adquirieron los terrenos, se los queda el Estado. «Es para que nadie pueda especular con el suelo», explica Ramón Bertran, director de la fábrica que el grupo textil Pulligan tiene allí, justo enfrente de la de Simon. Pulligan fue uno de los pioneros en aterrizar en Marruecos. Lo hizo en 1990 a través de una joint venture (sociedad mixta) con un socio local en Casablanca. Desde 1998 opera por su cuenta. 300 personas, casi todas mujeres, cosen y tejen jerséis, pantalones y camisetas. En Barcelona «ya sólo desarrollamos el diseño y algunos muestrarios. Estaríamos muertos si no hubiéramos deslocalizado», asegura su presidente, Joan Canals, uno de los empresarios pioneros en defender la deslocalización a principios de los 90. «En el mundo hay un exceso de capacidad instalada del 20%. Como los precios no hacen más que bajar, en Marruecos podemos ser competitivos», explica.

    El sector textil genera más del 15% de las exportaciones de Marruecos y emplea al 50% de los trabajadores, según Esade. La actividad se concentra en el polígono de Aouama, más al norte de Gzanaya, en la carretera a Tetuán. Es el polígono de Abanderado -una institución- y de un sinfín de talleres que trabajan para Inditex. «Marruecos es una buena oportunidad para deslocalizar en sentido positivo, para garantizar la actividad y el empleo en España», apostilla el director de relaciones internacionales de la CEOE, José María Lacasa.


    Fuente: SERAFÍ DEL ARCO / EL PAIS