El encarcelamiento sin derecho a fianza de Laura Gómez, secretaria de organización de la CGT en Barcelona, por participar activamente en la movilización social responde a una ola represiva que busca afianzar el capitalismo agonizante en todo el planeta.

COORDINADO POR EQUIPO RRII MÉXICO CGT - Desinformémonos

Publicado en el Rojo y Negro 257 de mayo 2012.

España. Miles de trabajadores y desempleados salieron a la calle a expresar rechazo a la reforma laboral y a los recortes sociales que impone la clase política, durante la huelga general del pasado 29 de marzo. Miles lo hicieron secundando la convocatoria de la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras organizaciones anticapitalistas.

España. Miles de trabajadores y desempleados salieron a la calle a expresar rechazo a la reforma laboral y a los recortes sociales que impone la clase política, durante la huelga general del pasado 29 de marzo. Miles lo hicieron secundando la convocatoria de la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras organizaciones anticapitalistas.

La respuesta de los poderosos fue clara y contundente: violencia, represión, criminalización. Para ello no han dudado en ponerse por montera esa falacia a la que llaman estado de Derecho. La injusta detención y posterior prisión para los tres jóvenes estudiantes Xavi, Dani e Ismael (quienes el 4 de mayo por fin recuperaron su libertad) ha tenido continuidad 25 días después, con el arresto y encarcelamiento de Laura. Ésta es la respuesta del gobierno a la clase trabajadora y a la juventud.

La presión de los políticos sobre los jueces raya en la más absoluta indecencia y en la sumisión de algunos de éstos. A aquellos provoca auténticos esperpentos como, por ejemplo, ver privados de libertad a quienes alzan su voz contra las injusticias del sistema, mientras aquellos que han expoliado gobiernos y fundaciones culturales, pasean por las calles libremente.

El anarcosindicalismo, sus personas y, sobre todo, sus ideas, están hoy en la mira del terrorismo de Estado. Su objetivo último no es acallarlos, sino someterlos; no es desmovilizarlos, sino conducirlos a una espiral de desánimo y miedo que los paralice. Su objetivo es quitarlos de en medio para poder seguir con el teatro de la paz social y repartir las migajas del bienestar con quienes, junto a ellos, sólo sepan de mesas de negociación, pactos y cambalaches…para que nada cambie. Su objetivo es eliminar cualquier forma de resistencia que, sin recurrir a la violencia, cuestione de forma clara y contundente las miserias y las injusticias de un sistema que, ahora sí, ya sin mascara, sólo admite un calificativo: fascista.

El miedo no va a evitar que sigamos enfrentándonos a las sanciones, a los despidos, a los expedientes de regulación de empleo; no va a conseguir que miremos para otro lado ante los recortes en derechos sociales fundamentales como la sanidad, la educación, el trabajo o la vivienda. No conseguirá el miedo que ignoremos la privatización de los servicios públicos o la expoliación del patrimonio cultural de todos; ni conseguirá que agachemos la cabeza ante el desmantelamiento de la administración pública y de sus empleados mientras la señora de Felip Puig disfruta de un sueldo de la Generalitat sin haber pasado en su vida una oposición. No será el miedo lo que nos impida luchar por el mantenimiento de los puestos de trabajo, ni será el miedo quien nos vuelva indiferente ante la destrucción del ecosistema. No será así porque el miedo no es nuestro, sino suyo.

Sí, conseller o ministro de interior. Sí, president de la generalitat de Catalunya; sí, presidente del gobierno del reino de España: son ustedes quienes tienen un miedo espantoso. Tienen miedo pese a su arsenal de armas de fuego y de pelotas de goma. Bajo sus trajes de astronauta, sus lacayos y esbirros tienen un miedo atroz. Las capuchas y pañuelos con las que protegen a sus infiltrados y provocadores no pueden ocultar su temor. La manipulación y las mentiras que difunden en sus medios de comunicación no son sino la expresión de su inquietud y los muros de sus cárceles y calabozos no son otra cosa que miedo. Miedo al pueblo, miedo a la verdad, miedo a la justicia, miedo a perder sus privilegios, miedo de clase burguesa.

Se han equivocado señores, nosotros no tenemos miedo. Ni en Barcelona, ni en Valencia, ni en Málaga o Madrid; en ningún rincón de este país que hoy ve cómo la CGT es una sola pidiendo la libertad de Laura junto con multitud de organizaciones solidarias de aquí y de fuera de nuestras fronteras. La historia nos ha enseñado que el sufrimiento forma parte de la lucha. Son personas como Laura Gómez quienes nos lo recuerdan cada día. Son ejemplos como la resistencia y fortaleza de Laura y de otras muchas personas que en su momento fueron objeto de la violencia del capital y del estado los que nos alimentan y nos renuevan.

 Sigan ustedes alzando muros de ladrillo para encarcelarnos que nosotros alzaremos, frente a su tiranía, un muro de dignidad y lucha, de un sólo corazón y miles de rabias. Porque estos son los mimbres con los que pensamos seguir plantándoles cara hasta conseguir la libertad de nuestra compañera Laura y la justicia para los oprimidos. Nosotros, el pueblo, los de abajo a la izquierda, vamos por las calles y los centros de trabajo de España sin caretas ni capuchas, a cara descubierta, con nombres y apellidos. Y, sobre todo, con corazón y con ideales para una nueva sociedad sin amos ni esclavos.


Fuente: RR.II. CGT - México