Artículo publicado en RyN nº 380 de julio-agosto.4

El local de CGT palentina está situado en la planta baja del edificio sindical, en el centro de la ciudad. En las estancias se respira compañerismo, dentro de la sede está ubicado también el Ateneo Libertario Luis Ángel Blas, nombre del secretario de oficios varios fallecido en 2021. Al veterano anarcosindicalista José Luis Posadas le acompaña el secretario provincial de CGT Richard Vilda Díez. Hay conexión y afecto entre ambos. Posadas con 69 años y Richard con 43 comparten vida y luchas en “La Fábrica”, cada uno en su momento. “Empecé en movimientos juveniles con 13 años, en la Juventud Obrera Católica, de ahí alguna gente derivó a Comisiones Obreras y otra a CNT. En la JOC de iglesia se hablaba muy poco, lo que hablamos era de relaciones laborales y conflictos. Luego ya entré a trabajar con 18 años, me metí primero con UGT pero no me gustaba nada y luego ya con la CNT-CGT con 21”, cuenta Posadas. Y añade: “Siempre he ayudado en todo lo que he podido, con la idea de no colaborar nunca con la empresa, aunque cumpliendo los objetivos. La fuerza que tiene el sindicato es la que tú le das, no estamos para solucionar el problema de nadie, la gente tiene que implicarse por lo suyo y por los demás, pero si alguien quiere saber de lo suyo particular que vaya a otra parte”.

Cuando en Palencia se menciona “La Fábrica” todo el mundo sabe de lo que se habla, la factoría de FASA Renault es una institución, una referencia que a pesar de no tener el peso de antaño sigue marcando el minutero de la ciudad. Posadas, orgulloso seguidor del equipo de baloncesto local, escucha las preguntas con atención, de gesto rudo y mirada noble le brillan los ojos al hablar de luchas pasadas y presentes. Trasmite autenticidad en cada gesto, él entró en “La Fábrica” en 1979 y se jubiló en 2015. Casi desde el primer día que puso un pie allí estuvo implicado en la lucha sindical en primera línea, sin querer ningún cargo, sin delegar en nadie. Jubilado desde hace ocho años sigue ayudando en la acción social del sindicato, además es presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia, “había que elegir a alguien y ya está”, apunta sin darse importancia. Como fotografía de perfil en su teléfono tiene una imagen en blanco y negro que es toda una declaración de intenciones. Se ve un grupo de jóvenes en una manifestación de la década de 1970, con una pancarta que dice “los hijos de obreros queremos estudiar”.

Richard, sentado a su izquierda, contextualiza lo que significa ser cegetista en FASA-Renault: “Somos el sindicato que más demandas hemos puesto a la empresa. Palencia es una capital pequeña y Renault pesa mucho, hay funcionarios que cuando pones una denuncia te miran como si fuesen jueces, aquí es tan fuerte la presencia de ‘La Fábrica’ que no está bien visto ponerla en cuestión”. Posadas sonríe mientras escucha a su compañero, con la sabiduría del que ha vivido muchas guerras y añade con sorna sobre su generación: “en realidad hay algo que agradecer al franquismo. El 90% de las personas que estábamos en CGT proveníamos de escuelas de formación profesional o de lo que se llamaba universidades laborales”, el sistema de formación del franquismo para los jóvenes trabajadores, del que salieron generaciones de militantes obreros.

Pero el tono del compañero Posadas se quiebra al hablar de la memoria democrática. En el año 2000 se enteró de que su abuelo murió en la represión producida en la provincia tras la sublevación del 18 de julio de 1936. Todavía hoy se emociona y le cuesta contar su propia experiencia. En el libro Víctimas de la guerra civil en la provincia de Palencia (1936-1945), el profesor Pablo García Colmenares detalla el grado de barbaridad que alcanzó la represión en una zona que rápidamente fue dominada por los golpistas y donde el asesinato, la violación y los abusos fueron norma habitual. “La asociación la formamos gente republicana y de izquierdas, mayormente familiares de represaliados”, cuenta Posadas. Su abuelo y su tío fueron apresados el 25 de julio de 1936 en el pueblo palentino de Monzón de Campos, junto con otros 33 vecinos. 15 fueron condenados a muerte inmediatamente y al resto se les trasladó a la cárcel de Pamplona. El abuelo de Posadas falleció en 1941 en el siniestro fuerte de San Cristóbal, uno de los epicentros de internamiento y malos tratos donde fueron recluidos muchos prisioneros. Su tío se salvó de ser fusilado por ser menor de edad.

Posadas tiene todos los detalles, ha buscado información, consultado libros y archivos. Él acompañó en vida a su padre hasta el fuerte San Cristóbal en el monte Ezcaba de Navarra. Cuando estuvo allí “lo pasó muy mal, no había querido hablar nunca del tema, pero ver aquello le indignó”. Cuenta Posadas que como Asociación para la Recuperación de la Memoria tienen muchos problemas porque “son todo trabas” cuando piden información, que todavía la Guerra Civil y la represión “son un tabú por parte de la gente que lo ha vivido”, y regresa a las circunstancias de su padre, al que su abuelo le dijo antes de morir que él sería el cabeza de familia con trece años. “Hasta que no fue a San Cristóbal y le reventó lo que vio allí no quiso hablar del tema”, señala Posadas, que añade que a su familia les quitaron lo poco que tenían y entonces se trasladaron a Palencia, donde eran muchas las familias que arrastraban un silencio en forma de penitencia y donde también a muchas les habían quitado sus posesiones en beneficio de familias ligadas al franquismo. Otro asunto por el que cree que a la derecha en España no le interesa reconocer lo ocurrido.

Precisamente en la ciudad de Palencia, en el parque de la Carcavilla, un monumento recuerda a las personas represaliadas que fueron enterradas en fosas comunes del antiguo cementerio que había allí. Fueron desenterrados 212 cuerpos y se supone que hay alrededor de 500 más. “En Palencia la represión fue salvaje”, apunta Richard en un hueco del relato, se calcula que fueron cerca de 2.000 personas ejecutadas fruto de la arbitrariedad de los vencedores. Ambos señalan un nombre como referente del trabajo memorialista en la provincia: Esperanza Pérez Zamora. La mujer, que falleció en noviembre del año pasado, fue pionera en 1977 en la búsqueda de desaparecidos de la Guerra Civil. Buscaba a su padre, ella tenía solo 18 meses de edad cuando su progenitor fue fusilado y se perdió su rastro junto con otras ocho personas de su familia. Residió en Pamplona, Irún, Bélgica y Alemania para terminar regresando a Palencia con la idea de exhumar el cuerpo de sus familiares desaparecidos. Sin ningún apoyo y por sus propios medios, Esperanza logró desenterrar a 150 personas.

Tras casi dos horas de conversación José Luis Posadas vuelve a hablar de “La Fábrica”. “La experiencia te va quitando miedos”, apunta de nuevo con tono animado, “por ejemplo, la gente pensaba que ir de servicios mínimos era ponerte a trabajar y yo les decía ‘¿Qué coño estáis haciendo? ¡No tenéis que hacer nada! Lo que tenéis que hacer es estar aquí en las instalaciones por si tienen que volver a arrancar”. Richard observa y sonríe, ambos comparten una anécdota que define su implicación sindical y que explica el secretario provincial: “Se tuvo que quitar de las nóminas el ingreso al sindicato para que cada cual lo domiciliase, porque si era por nómina la empresa se enteraba y te tenían fichado. Y ellos saben que si alguien conoce los límites del convenio es la CGT. Y claro, eso podía marcar al trabajador”. Posadas recupera la palabra para añadir que los tiempos a pie de obra no fueron solo sacrificio y reivindicaciones: “Yo había veces que hasta lo pasaba bien. Era electricista y no tengo problema en decir que también aprendí mucho”. Y finaliza con una idea que le ronda con fuerza la cabeza desde el principio del encuentro: “el problema de los tiempos actuales”, dice tajante, “es que no tenemos conciencia de clase”.


Fuente: Rojo y Negro