Artículo de opinión de Rafael Cid

Como cabría temer, dado el alfabetismo democrático y la polarización social dominante, las reacciones ante el “caso Zapata” han oscilado entre la pretensión de convertirlo en una nueva “causa general” y la llamada a cerrar filas con un expeditivo “y tú más”.

Como cabría temer, dado el alfabetismo democrático y la polarización social dominante, las reacciones ante el “caso Zapata” han oscilado entre la pretensión de convertirlo en una nueva “causa general” y la llamada a cerrar filas con un expeditivo “y tú más”. De un lado se han columpiado al alimón el seudosindicato Manos Limpias con su estúpida denuncia “por genocidio” y el ministerio de Interior con una igualmente ridícula apertura de investigaciones, y del otro los amigos y correligionarios del protagonista, que no han dudado en recurrir al vademécum de la ofensa comparada como si una mancha sacara a la otra.

No obstante, no deja de ser chocante esa coincidencia a la hora del posicionamiento frentista a cara de perro, que sin embargo suele difuminarse a la hora de la rebatiña electoral. Sabido es que tan pronto comienzan los partidos a pregonar sus saldos para los comicios, casi todos olvidan las aristas más escarpadas para comulgar en el granero del centro donde se sitúa la masa de votantes que otorga el pasaporte a la gloria. Nadie de puertas afuera es de derechas ni de izquierdas, y todos buscan en la transversalidad del voto útil el atajo para llegar al poder. De todas formas, lo que está claro es que el pensamiento no delinque, por más que los puritanos prediquen lo contrario. Como dice el titular del último número de una revista de relumbrón cuya marca no quiero publicitar, tenemos “el derecho a blasfemar en tiempos fanáticos”

Pero la polémica suscitada por el asunto de los chistes antisemitas escritos en twitter hace 4 años por el concejal de Cultura del Ayuntamiento de la capital, tiene otros registros sustantivos. De entrada el episodio revela la “doble moral” de las redes sociales. Desde que las nuevas tecnologías han proletarizado el uso y abuso de los utensilios de comunicación personal, la globosfera se ha configurado como un bumerán ucrónico. Existe el efecto directo de la conectividad en red, fenómeno no exento de la arrogancia y la impunidad que da sentirse seguido por un universo interactivo (la golosina del trending topic). Pero esa acción tiene su réplica en el hecho de que tales mensajes quedan en la nube y pueden ser recuperados más tarde por improvisados y poco escrupulosos voyeurs. Una especie de inevitable “a lo hecho pecho” que, a medida que se produzcan más conflictos, se procesará para que la responsabilidad y el autocontrol crezca en las autopistas de la información. Igual que el impacto de la concentración de tráfico y los accidentes en el asfalto hicieron cada vez prudente la conducción de vehículos de motor.

Descarto insistir en las sinvergonzadas sin amortización posible de esos talibanes que van de cruzada en cruzada hasta el estropicio final. Con sus melonadas, agresiones, censuras, represiones y jaculatorias se podría empapelar varias veces la red del AVE, estrafalario pasacalles cuyo último engendro ha sido el intento de “empapelar” a medio Camp Nou por una pitada al himno español. Me interesa más analizar los duelos y quebrantos de la izquierda compulsada que tantas veces, a la hora de la verdad, reproduce planteamientos afines a los de sus teóricos y atávicos adversarios. Al fin y al cabo, en cuestiones de ética, históricamente se ha convenido que ella es la que marca el tono. Pobres pero honrados. En principio, solo en principio, porque lo mismo se decía sobre la corrupción y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra.

Reconozcamos por lo demás que la rueda de prensa ofrecida por el miembro de Ahora Madrid cuestionado ha cerrado algunas heridas, por sentida, honesta y coherente. Suficiente, cuenta saldada.Aunque también es cierto que más vale tarde que nunca y que en caliente Zapata tuvo la tentación de recurrir a la bicha de la conspiración para justificar el episodio. Su mea culpa, sin atenuantes ni conservantes, significa un provechoso reconocimiento de que no hay derechos individuales absolutos. Lástima que hayan sido precisamente los intelectuales orgánicos de su entorno los que, acudiendo en su socorro, han incurrido en un “sostenella y no enmendalla” dando ejemplo por defecto.

El primero en utilizar la estrategia del ventilador ha sido el ex dirigente de Podemos Juan Carlos Monedero. “Los del tamayazo siguen enredando. No les hagamos el juego a los del tamayazo. Van a intentar desestabilizar como sea. Los que no condenan el franquismo”, ha dicho echando mano del argumentario ramplón que prescribe negar la mayor si el afectado es “uno de los nuestros”. Otro rasgo de humor negro, ya que si la divulgación de los tuits de marras se hubiera producido 48 horas de la elección de Manuela Carmena, algún concejal socialista podría haberse replanteado su voto. Y dado que a los bloques en liza solo les separaba un escaño, la beneficiada sería la lista más votada de Esperanza Aguirre. En el negociado mediático, ha sido el digital Público, tan colega del “pablismo”, quien ha salido en defensa de Zapata con una encuesta exprés donde el 64,3% de los consultados dice estar a favor de la continuidad del concejal. Olvidan Monedero y Público a la hora de exculpar de plano al miembro de Ahora Madrid que su patrocinado pertenece a un colectivo que ha hecho de la agitación en las redes sociales su principal arma política.

Volverán las aguas a su cauce, porque el fuerte respaldo social de que goza Ahora Madrid tiene raíces profundas. Pero la experiencia no será en balde. Lo ocurrido muestra la distancia abismal que existe entre intentar transformar democráticamente la sociedad extramuros del sistema y someterse a sus propias reglas del juego aunque se reivindique como Caballo de Troya. Lo más probable es que el “affaire Zapata” contribuya a una más rápida troquelación de los indignados de ayer en las instituciones de siempre, aparte del candado que supone obligarse a la ley de estabilización presupuestaria con severas limitaciones en cuanto a déficit y deuda. Todo ello, por descontado, no sin antes sufrir alguna que otra “purga” redentora a tontas y a locas.

Rafael Cid


Fuente: Rafael Cid