Artículo de opinión de Rafael Cid

SIn vencedores ni vencidos. O sea, con bajas en ambos bandos. Eso es lo que significa la sorpresiva dimisión de Yanis Varoufakis cuando aún paladeaba el triunfo del referéndum (con una modesta participación del 62%) en la madrugada del lunes. Gana la lógica del poder a uno y otro lado del tablero político en conflicto. Cede el sentido común, en la persona que mejor identificó la resistencia a las políticas austericidas de “las instituciones”. Se inicia así un segundo ciclo con prorroga a reloj parado. Tic-tac.

SIn vencedores ni vencidos. O sea, con bajas en ambos bandos. Eso es lo que significa la sorpresiva dimisión de Yanis Varoufakis cuando aún paladeaba el triunfo del referéndum (con una modesta participación del 62%) en la madrugada del lunes. Gana la lógica del poder a uno y otro lado del tablero político en conflicto. Cede el sentido común, en la persona que mejor identificó la resistencia a las políticas austericidas de “las instituciones”. Se inicia así un segundo ciclo con prorroga a reloj parado. Tic-tac.

El rotundo “oxi” (Diguen No) del pueblo griego a las purgas de la Troika no solo significa un inequívoco respaldo a las tesis de Alexis Tsipras, sino que introduce como valor político esencial en la Unión Europea el “derecho a decidir” de los pueblos. Un modelo de participación activa que ha estado secuestrado en la práctica por el decisionismo de la democracia representativa. Pero la certera honda del David heleno frente al Polifemo de Bruselas tendrá efectos corrosivos. Porque salvo Podemos en el ámbito progresista, que sale fortalecido en la comparativa, los restantes partidos que observan el caso griego como referencia son en su mayoría ultras de extrema derecha. Formaciones antieuropeas, como el Frente Nacional francés, uno de las primeras en felicitarse por los resultados por el descalabro “de las oligarquías europeas”.

De hecho, este primer fin de semana de julio las campanas del “derecho a decidir” han comenzado a sonar en tres escenarios distantes pero no muy distintos: Grecia, Catalunya y Galiza. En todos ellos se ha dado cuerda al tic-tac de las grandes decisiones. En Atenas con una clara victoria del gobierno de Syriza-ANEL; con una propuesta de disolución en la sociedad civil por parte del partido que ocupa la Generalitat y mediante la negativa de las mareas que se alzaron con la victoria en las principales ciudades gallegas a subsumirse en Podemos cara a las elecciones generales.

El triunfo del “no” (“oxi”) en Grecia supone más una amarga derrota de Bruselas que un éxito de Grecia. La notable diferencia de votos a favor de los partidarios del “no” (“oxi”), no obstante, no permite lecturas concluyentes. El veredicto de las urnas en realidad es una especie de renovación de contrato para seguir negociando más rescate, más recortes y más ajustes, aunque sin brusquedades y con tiempos más cómodos. Incluso, el primer ministro Alexis Tsipras podría argumentar haber aceptado ya las últimas condiciones de los acreedores, que irónicamente una mayoría de la población ha rechazado con su “no” (“oxi”). De hecho en su comparecencia en la noche electoral anticipó que “habrá que hacer reformas”.

En Catalunya la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Ómnium Cultural han validado abrumadoramente la propuesta del líder de Convergencia para concurrir a los comicios del 26 de septiembre en una única lista ciudadanista. Es un raro caso de poder constituido (de arriba-abajo) que acepta diluirse en la sociedad civil (de abajo-arriba), con el añadido igualmente insólito de que el proponente ofrece sacrificarse para facilitar esa candidatura independentista. Un caso de humildad política forzado por las circunstancias. A Artur Más los dedos se le hacen huéspedes. Rompe su matrimonio con Unió; las encuestas dicen que el “no” a la independencia gana por 8 puntos al “si” y se filtran sondeos sobre la preferencia de una mayoría de catalanes hacia Podemos si las generales se celebraran hoy.

Y ya en Galiza ese mismo “pablismo”, que se ve beneficiado en tierras de Salvador Espriu por su oportunista fotocol con Ada Colau y su Barcelona en Comú, intenta recomponer el relativo fiasco de las autonómicas del 25-M vendiendo paternalismo a las plataformas que han desembarcado en las alcaldías de Santiago (Compostela Abierta), A Coruña (Marea Atlántica) y Ferrol (Ferrol en Común). Iglesias olvida que despreció los comicios locales como ámbito de acción política e ignora el carácter orgullosamente nacionalista de esas formaciones a las que ahora quiere sumar a su marca como si fueran jodidos proveedores de segunda división. El que la Galeusca (aquella conectividad entre Galiza-Euskadi-Catalunya) solo resista hoy en la memoria, no significa que Podemos pueda cortejar impunemente al soberanismo en Galiza y a la vez flirtear con el patriotismo centralista en Catalunya.

Grecia, Catalunya y Galiza, tres comunidades por el “derecho a decidir”. Que es más que votar. Es mandar obedeciendo.

Rafael Cid


Fuente: Rafael Cid