¿Cabe mayor depravación?
Vosotros denomináis a esta Iniciativa "Toros en el aula" y con ella queréis encontrar un espacio en las mentes infantiles, siempre tan vulnerables y fáciles de moldear, por el que introducir la tauromaquia para, alegáis: "descubrirles un espectáculo cultural al que pueden acceder, enseñarles los valores del respeto y sacrificio de los toreros y hacer que conozcan y vean de forma natural y cotidiana la fiesta taurina".

Con una primera parte «teórica» en la que como si de lenguaje o matemáticas se tratase se le explica a los niños cómo entrena un torero o qué son el capote y la muleta, y con otra «práctica» en la que un matador profesional, (matador – profesor: sobrecogedor binomio) enseñará a los críos a torear para que puedan «jugar a ser toreros», utilizáis el diseño básico empleado en la Educación para transmitir conocimientos, valores y costumbres.

Con una primera parte «teórica» en la que como si de lenguaje o matemáticas se tratase se le explica a los niños cómo entrena un torero o qué son el capote y la muleta, y con otra «práctica» en la que un matador profesional, (matador – profesor: sobrecogedor binomio) enseñará a los críos a torear para que puedan «jugar a ser toreros», utilizáis el diseño básico empleado en la Educación para transmitir conocimientos, valores y costumbres. La diferencia en este caso radica en que bajo ese proceso de estructuración del pensamiento, de la creatividad, de la maduración o de la integración, no hay más que una simple lección de violencia sobre seres vivos.

Contadme cómo le vais a describir a los escolares qué es lo que siente el toro cuando le hunden en el cuerpo pica, banderillas, espada y puntilla y que su miedo y sufrimiento forman parte de un «juego». ¿O acaso pensáis silenciar el padecimiento del animal durante la corrida? Creo que sí, que será eso lo que haréis porque aún en su inocencia no es fácil justificar cómo en la diversión uno de los participantes encuentra la agonía y la muerte. Aunque tal vez, no sería la primera, les digáis que el toro no sufre y hasta que disfruta durante la faena. Todo un ejemplo de pedagogía para que los estudiantes vean, según vuestras palabras: de “modo natural», cuál de estas dos alternativas: ¿el dolor del toro o su incapacidad física para sentirlo?


«Sangre en el aula», «Violencia en aula», «Aberración en el aula», «Crueldad en el aula», “Malformación en el aula”, “Degeneración en el aula”… Cualquiera de esos títulos sería más honesto para esta demencial y peligrosa iniciativa que pone de manifiesto, una vez más, como vuestro nulo respeto a la angustia física y psíquica del toro, se hace extensivo en forma de desprecio a lo lesivo que puede resultar para un niño presentarle la brutalidad con seres vivos como un «juego cotidiano», y calificar de seres respetuosos y sacrificados a sus ejecutores.

El desquiciamiento al que os aboca la certeza de una conciencia social creciente a favor de la abolición, os está llevando al paroxismo de la indecencia y, en este caso, bien harían las administraciones en poner inmediatamente freno a semejante canallada, porque más allá de ensalzar la tortura de toros estáis «jugando» a vulnerar el derecho de los niños a ser protegidos contra cualquier práctica discriminatoria y a ser educados en la tolerancia. Estáis, en definitiva, «jugando» con su futuro porque lo que aprendan hoy determinará su conducta mañana. Y vuestra disciplina, maestros-matadores, sólo contiene lecciones magistrales de depravación.

Julio Ortega Fraile, Delegado de LIBERA! en Pontevedra

www.findelmaltratoanimal.blogspot.com


Fuente: Julio Ortega Fraile